Un chico en la ciudad

Memoria de una ruptura

Estuve varias horas bajo su ventana, deje que la lluvia me mojara al igual que otros días, hoy venía con las manos vacías y es que ya lo único que tenía a estas alturas era mi corazón roto, esperé algunas semanas antes de hacerme presente porque tenía la intención de recuperarle, me arme de valor y fui, toque la puerta, mandé algunos mensajes esperando verle, de verdad iba feliz…

Tenía semanas con el corazón roto, estaba haciendo un esfuerzo por no desmoronarme, estaba intentado de verdad estar estable, y es que una dosis alta de «paroxetina» no es para cualquiera, estuve al borde de la muerte pero en ese momento me di cuenta de lo frágil que soy; ahí estaba, a la orilla de mi cama con los dos brazos extendidos, mis manos sangraban y sangraban mientras yo veía cada vez mas borroso, recuerdo que llego un momento en que quise tomar mi teléfono para llamar a mi mejor amigo, pero ya no podía moverme, alcance a oprimir el botón de instrucción de mi iPhone, ¡bendita tecnología!, le grite a Jorge que me estaba desangrando que viniera pronto. A partir de ese momento perdí el conocimiento y de ahí recuerdo despertar en el hospital, ahí estaba mi mejor amigo, mi terapeuta y yo, en cuanto pude hablar les pedí que por favor no llamarán a nadie de mi familia. Con el paso de los días y los cuidados de mis amigos recuperé poco a poco lo que era, un poco de terapia, compañía y alegría me ayudo a salir adelante, cuando por fin me sentí bien, sabía que quería verlo, así que poco a poco empece a acercarme.

Primero las cartas, después fueron las memorias y por último las rosas, pero no había respuesta, mi desesperación me hizo mandarle mensajes algunos días, pero nunca respondió, sentí que era el fin y una parte de mi me hacía creer que sí ¿quién quiere estar con alguien como yo, con alguien que se rinde y desea morir solo porque tiene el corazón roto? además me seguía sintiendo fatal, un acercamiento a él podría significar todo para mi o al mismo tiempo la señal de que se había terminado.

Sonreía por la emoción de verlo, esperaba que bajara y sintiera lo mismo por mi pero no fue así, finalmente sucedió lo que tenia que suceder, me respondió con su característica hostilidad, con su tristeza y con todas sus ganas de no herirme, me partió el alma cada palabra que escribió y cada cosa que dijo una vez que me llamó, nunca en la vida me había sentido tan despreciado, de repente mi pecho comenzó a doler otra vez, me temblaron las piernas, me quedé callado, congelado por todo lo que había escuchado, por todo lo que él me había dicho, -me odio- pensé, puse una sonrisa en mi boca y solamente dije -no te preocupes, comprendo, comprendo todo, me iré y no volveré a molestar-

Salí caminando del patio de su casa, camine bajo la lluvia incluso cerré la sombrilla y deje que el agua me golpeara, cada gota que me mojaba era como una de sus frases, cada gota era como una bala a mi corazón, -no importa, estaré bien- me decía a mi mismo. Así avance varías calles, otra vez quería morir, pero no, esta vez no. Llegue a casa y me senté a meditar, después de eso agradecí al universo todo el dolor que sentía porque tal vez sin ese dolor no me sentiría tan vivo. Siento que lo perdí para siempre, siento que este dolor no se irá en mucho, mucho tiempo pero sé, confío en que todo este sufrimiento algún día me servirá para ser mejor persona.

A.

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