Un chico en la ciudad

Me cansé

«Me cansé de esperar el momento en el cual me voltearas a ver y dieras todo por mí, me cansé de querer que me quisieras y sobre todo me cansé de sentirme vació por llenarte sólo a ti»

Esas fueron las últimas palabras que escribí el día que me fui para siempre y es que nuestra historia parecía estar llegando a su fin, habían sido demasiado altibajos en esta relación, si es que así se le podía llamar a lo que teníamos. Estaba cansado, pero también le amaba, me dolía pero también me producía una fuerte descarga de energía cuando lo abrazaba. Las últimas semanas estuvimos durmiendo juntos, fue genial, su brazo sobre el mío, después intercambiábamos, era como si mi cuerpo y el suyo embonaran a la perfección.

Pero… siempre había un «pero» ese pero aparecía cada mes o cada dos semanas; un día me quería con locura y estaba dispuesto a todo después pasaba un tiempo y ya no sabía hacía donde ir, otro más de sus crisis emocionales en las que solamente pasábamos el día durmiendo porque era lo único que lo animaba, yo trataba de estar ahí, porque para mí era suficiente sólo con verlo dormir, ver su cara sonriendo o también verlo comer era algo que me ponía de buenas.

Está vez, él me destruyó bastante, me confundió y me rompió en pedacitos porque no sabía que pensar, no sabía a donde ir, no sabía que sentir.

Me sentía triste, triste de una manera rara porque no era como la tristeza del pasado, era una tristeza que no me dejaba llorar, incluso era una tristeza que ni siquiera me dejaba sentir, ¡exacto! era esa tristeza que no me dejaba sentir, ya no podía enojarme, tampoco hundirme y mucho menos culparlo. Esta vez nadie tenía la culpa, nadie era responsable porque simplemente nos gano el miedo, nos gano terriblemente el sentimiento de «no poder» ni él ni yo podíamos estar juntos, simplemente no.

Pero esto no es nuevo, es de siempre, de antes, de nuestra relación pasada, de todo lo que vivimos y todo lo que no hicimos; los errores eran los mismos y las cosas que nos lastimaban seguían siendo iguales del uno para el otro: Yo lo lastimaba saliéndome de control, exigiendo atención, pidiendo siempre más porque nada es suficiente para mí y él me rompía cada que se olvidaba de mí, de mi cumpleaños, de escribirme y cada que el pretexto era «he tenido mucho trabajo» Yo siempre quedaba en segundo término, yo no era su prioridad, lo cual me hacía sentir muy triste.

Había aprendido de mis errores, estaba tratando de ser tranquilo, de no exagerar o no excederme, de no pedir nada pero en la última conversación, en esa en la que finalmente me di cuenta que «no éramos nada» entendí que no había manera y que esto se me salía de las manos.

Entonces por primera vez yo me fui; yo decidí irme y caminar solo con todo el miedo del mundo, con toda la tristeza que puede tener un corazón roto, lo hice y está vez, después de mucho tiempo, pensé en mi porque fue para siempre.

A.

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