Un chico en la ciudad

La razón por la que escribo

Hace algún tiempo me reuní con un amigo para platicar sobre las cosas que nos han sucedido en los últimos meses, uno de los puntos que tratamos (que ya les he contado) es el rompimiento que tuve con uno de mis mejores amigos de la vida y lo he llamado rompimiento porque el cariño era inmenso y la separación me dolió mucho, pero gracias a lo aprendido en la vida y en las rupturas amorosas me di el tiempo de dejar que todo fluyera. Lo que sucedió con mi amigo es que nunca coincidimos en tiempo para arreglar nuestra bronca, tampoco él tenía muchas ganas y yo trate de evitar a toda costa una confrontación que me hiciera explotar, debo decir que estaba muy enojado pero después todo ese rollo se convirtió en tristeza para finalmente transformarse en resignación.

Las amistades terminan y estoy aprendiendo a lidiar con ello sin sentirme miserable o sin sentir que tengo que hacer un drama sobre la situación e incluso pelearme de una manera brusca con alguien. Creo que ese sentimiento de «valoro lo bueno y deshecho lo malo» se ha acomodado con mi nuevo estilo de vida, he meditado en eso y estoy buscando los puntos claves para aprender una lección al respecto, cosas como qué hice mal, qué debí decir o por qué ante todo evadí la confrontación son ese tipo de preguntas las que me dan vueltas la cabeza. De algunas tengo respuestas, de otras sé que era parte del proceso y finalmente dejé ir.

Y por dejar ir no me refiero al cliché del ritual ese que ya conocemos, hablo de realmente tener paz, dejar ir no es solamente soltar, es sentirte bien contigo mismo, tampoco creo que eso signifique ser ahora archienemigo de tu ex (lo que sea), sino entender que hay cosas que simplemente ya no están en tu vida y enfocarte en todo eso que te construye.

Lo que también sucedió con mi amigo es que dejamos de ser importantes el uno para el otro, dejamos de órbitar para nosotros y eventualmente dejó de ser una prioridad nuestra amistad más la suma de los factores adicionales.

Como decía arriba una de las cosas que evité a toda costa fue la confrontación, esta vez viví el proceso desde mi centro y desde mi y se convirtió en mi duelo, pero no pude evitar regándola lanzando algunas indirectas en mis redes sociales o de vez en cuando explotando de manera aleatoria con comentarios sarcásticos y sobre todo escribiendo…

Durante mucho tiempo trabaje en ser menos violento, en ser mucho mejor persona, en comunicarme de manera clara, en expresar mi sentir sin ser alguien odioso y de alguna manera lo he logrado pero otras veces no me sale bien y termino siendo una persona horrible. Una de las razones por las que me he alejado de muchas personas es también por querer buscarme dentro de mi pero también porque he buscado reivindicarme, pienso que he dañado a personas a las que quería mucho y casi siempre con mis palabras o siendo explosivo. Ahora que trabajo en no hacerlo sé que la consecuencia de eso es haberlos perdido cuando realmente simbolizaban algo importante para mí.

En esa construcción del nuevo yo, me di cuenta que algo muy recurrente en mi vida es escribir, siempre que tenía un problema, que me sentía mal, que lloraba o que no podría expresarle mis sentimientos a alguien los escribía y los guardaba, así fui llenando libretas y libretas durante años (empece a los 16) pronto migré a espacios digitales y escribí hasta que me sangraron los dedos. He mejorado, he construido textos a modo de historias cortas que me ayudan a crear una idea más amena de las situaciones, historias que me hacen reír otras que me hacen llorar y algunas más que son crónicas de situaciones muy tristes.

El punto es que esas historias me han sanado y recientemente me evitan el conflicto con las personas, aún así cada texto siempre será mi versión de los hechos dejando a la otra parte su proporcional de la historia o en todo caso su responsabilidad.

Al final de cuentas, por eso escribo… para contarme una historia que me haga sanar.

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