Un chico en la ciudad

El pasado

Eran casi las 2 de la mañana, estaba mirando una película, un fin de semana aburrido, uno más de esos en los que decidí quedarme en casa. Desde hace tiempo me acostumbre a estar sólo, a no hablar con nadie, a esconderme los fines de semana, había perdido las ganas de vivir y simplemente llegue al punto en que no quería convivir con nadie ni participar en algo que se relacionara con hablar con las personas o «posar», así que este era un finde más de esos en los que simplemente estaba en casa.

Casi nunca reviso mi correo electrónico en fin de semana, me da un poco de hueva, sin embargo estaba taaaan aburrido que se me ocurrió picarle al icono, a modo de ocio, de esas veces en las que le clicas a las aplicaciones aunque en realidad no las vas a usar. Espere a que cargaran los mails y ni siquiera vi de reojo porque lo hice sin atención. Después de un par de minutos vibró mi celular, los mails se habían cargado. Bloqueé la pantalla, me quede mirando otra vez la televisión, ni siquiera recuerdo que se reproducía, siento que estaba suspendido en el tiempo como esperando que algo pasara, tomé el teléfono y oprimí el botón para ver la pantalla de inicio, esa en la que se cargan las notificaciones y sin más ni más hice swipe, vi los mails o los titulares y vi algunos que me llamaron mucho la atención… Ahí estaban, otra vez sus iniciales JV…

Era él, -¡wow!-, pensé, ¿qué será lo que quiere?, debo confesar que nunca dejó de estar en mis pensamientos, eventualmente iba y venía, lo recordaba en cosas, en lugares, en situaciones, todavía hace un par de semanas fui dos veces al parque donde tuvimos nuestra primera cita, donde hablamos por primera vez de nuestras vidas y donde también nos abrazamos con un sentido más hermoso de lo que podría llamarse amor, me acordé claramente de cada una de las cosas que hicimos ese día, fue poco después de mi cumpleaños, por ahí del mes de Abril, él usaba short y una playera verde, además de unos vans, de esos de cuadros cuando la moda era mas skater, se veía muy bien, gordo, esponjoso, grandote, barbón, fuerte, cachetón y todas esas cosas que hacen que mi corazón se acelere, pero también era tierno, muy a su modo, medio violento al moverse, tierno al hablar, tosco al tocarme, todo eso… todo eso fue lo que me enamoro.

Ese día en nuestra charla hablamos de la vida, de las relaciones, de nuestros gustos, yo usaba una plumilla para mi celular, una cosa medio inventada que me había comprado y la saqué para que la viera, le mostré la app de dibujo que tenía, estaba tan feliz que dibujó, hizo tres dibujos, los recuerdo bien; uno era el castillo ensangrentado del cual inventamos una historia, el segundo era una abeja haciendo alusión a Queen B (su favorita) y el tercero fue un conejo, ahí medio raro; nos prometimos amor, nos prometimos cosas, nos besamos y sabíamos que algo bonito venía.

Regresé a ese parque dos veces, caminé por los mismos lugares y me senté en esa banca, esta vez era yo sólo, algunas veces hago eso con los lugares que simbolizan algo para mi, una vez que genero una memoria con alguien es sumamente difícil que me desprenda, por esa razón, cuando corto de tajo elimino lugares, momentos, recuerdos, objetos y  todo desaparece porque tengo suficiente con las memorias para torturarme como para encima tener recordatorios físicos, sin embargo una vez que sana la herida, al menos para mi, es necesario crear nuevos recuerdos, hacer nuevas memorias y buscar nuevos significados; por esa razón regreso, regreso a los lugares, a los objetos, a los libros o incluso a los textos. Estaba ahí, tenía que quitarme ese sabor de boca, quería hacer una nueva memoria. Recuerdo que no podía ni siquiera caminar por ese parque, creía que me lo iba a encontrar y eso me daba mucho ansiedad, mucho tiempo ni siquiera frecuente la zona cercana a la colonia donde vivía, me daba mucha tensión saber que podría topármelo, incluso el otro parque cercano a su casa estaba blindado para mi, los restaurantes, las personas, la cineteca, el teatro, las películas, todo lo blindé, todas y cada una de las cosas que me recordaban a él las bloqueé.

Camine un rato, le di dos vueltas al parque, sentí que estaba sano, esa noche vi una sombra a lo lejos, siempre fantaseo con esas cosas; quería que fuera él, que me encontrará en el camino, que saliera de entre las sombras y me abrazara, pero él no es así, así que no, no era él. Era tarde, tenía una reunión, atravesé la calle y me fui del otro lado, me esperaba una noche larga con un momento de reflexión más un poco de olvido.

Desbloqueé el celular, leí los correos y sí, era él, creo que estaba mal, entre líneas me dijo que quería verme, quería hablarme y escribió otras palabras más que trato de no recordar, uno de los mensajes decía que le llamara, que por favor le contactara. La insistencia y mi personalidad rescatadora hizo lo suyo, sí, le escribí un mensaje de whatsapp al que solo respondió con audiós, sí, estaba mal y eso me provoco mucha más ansiedad, tuve miedo, me preocupe mucho por él, una de mis peores pesadillas era recibir una llamada diciéndome que algo le había pasado, me entristecí tanto que siento que mi corazón se detuvo para después con un suspiro continuar bombeando sangre al resto de mi cuerpo, -no te mueras, A, no por favor- pensé. Después de un rato más no dijo nada, le escribí y pase varias horas esperando que me respondiera pero ni siquiera le llegaban los mensajes, una y otra vez leía sus correos como para intentar saber si había algo entre líneas, pero no entendía nada. Me dolió mucho, una vez más me movió todo, desde adentro.

Espere hasta casi las 4:00AM pensando que respondería, pero no, después de un rato me quedé dormido y obviamente pasé una mala noche, tuve pesadillas, me movía de un lado al otro y dos veces desperté de golpe pensando que algo había pasado provocado por las pesadillas. Al día siguiente me ocupe de cosas del trabajo y  después vi más mensajes, era él. Intento contactarme por otras redes sociales dejando mensajes similares a los correos, redes sociales de las que generalmente tengo notificaciones desactivadas y que obviamente no vi hasta mucho tiempo después. Finalmente me escribió por whatsapp, se me acabó la batería, argumentó…

 

Lo único que pensaba entre mi es «El pasado es una historia que nos contamos a nosotros mismos» una y otra vez, me conté esa historia hasta que la creí pero en este momento nada tenía sentido, una vez más estaba hablando con el único que hombre que me ha roto el corazón, al que decidí olvidar, al que le escribí más de 100 notas en todo este tiempo, el único que había despertado el deseo de amar, una vez más me repetía esa historia solamente que esta vez descubrí que aún lo amaba…

A.

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