Un chico en la ciudad

El día que fui al cine sólo

Parece que estar en pareja está sobrevalorado éstos días y más con la llegada del 14 de febrero y el día de San Valentín, que ironía eso de esperar una fecha con tanto anhelo como si fuera la única posibilidad de demostrar amor de pareja.

Estar soltero no debería ser motivo de vergüenza o de tristeza y mucho menos de desprecio por parte de los emparejados. Cada momento de soltería podría ser una experiencia memorable que debería ser relatada con orgullo, no importa si se trata de sufrir o llorar por sentirte miserablemente solo en el mundo y darte cuenta que si te mueres en la comodidad de tu departamento es probable que nadie lo note y que tus gatos (o mascota en cuestión) terminen alimentándose de ti o si se trata de una salida solitaria al cine como la que hice en días pasados.

Llegar al cine sin compañía pareciera ser un delito en esta ciudad, aún siento las miradas sobre de mi como diciendo «seguro está esperando a alguien más». Me forme en la fila, tenía claro que película quería ver, así que no tenía mucho que pensar, al llegar a la taquilla compré mi ticket, le dije al cajero que solamente quería uno, me miro con desanimo como sintiendo pena de mi, todavía me repitió la pregunta -¿solamente un boleto?- le respondí que sí.

Pase al segundo nivel, había logrado comprar solamente un ticket sin sentirme miserable por los cuestionamientos del muchachito de la caja, al formarme en la dulcería noté como todos van en pareja, ya sea de amigos o de novios, eventualmente miran el menú en la parte superior, sonríen y se besan como consolidando su relación mientras eligen un combo de palomitas, refresco y un par de hot dogs, después de ese rasgo característico en el que hago *roll eyes* cada que veo una muestra de afecto llegue al mostrador, pedí el combo para una persona, palomitas de caramelo + refresco + nachos. Aún recuerdo las miradas juzgadoras hacía mi persona, en esta ocasión no sé si fue por que me vi muy gordo pidiendo tanto o porque solo pedí para una persona.

Mi estancia en la sala no fue la mejor, la película estaba muy mala, pero hice algo realmente memorable pedí un asiento en medio de dos lugares vacíos, así que tuve suficiente espacio para poner mi mochila, estaba prácticamente en medio de la sala, así que muchas miradas se concentraron en mi conforme llegaban, el espacio era mío, era el propietario del espacio, prácticamente me sentía dueño de la sala. Después de un rato y con lo aburrida que estaba la película note que había varias parejas en plenos arrumacos y cariños, me dio pereza ver esto, termine mis palomitas y saque mi celular, swipe a la derecha, swipe a la izquierda, super like ¿a caso no soy un hombre soltero en busca del amor?.

Así pasó el tiempo suficiente hasta que las luces se encendieron, todos comenzaron a salir, como de costumbre espere a que la sala quedara casi vacía, tomé mis cosas y me fui ¿en qué momento se convirtió en un malestar venir al cine sólo, soltero, sin compañía…? La salida fue triste, me puse el gorro de la sudadera, los audífonos, subí el volumen y camine sobre la avenida. Estaba hecho, vine conmigo al cine y funcionó, no necesito a nadie más.

A.

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